En voir plus

El Gran Cañón del Sur

Al atardecer 

Por Sylvie Berthiaume

Para los viajeros que llegan por la autopista 66, vía Flagstaff, el borde Sur del Gran Cañón, es el punto más cercano para comenzar el recorrido. A pesar de que es muy concurrido, sus visitantes — familias y excursionistas — muestran una actitud muy diferente a los juerguistas de Las Vegas que llegan en su mayoría por el oeste para caminar por el puente transparente llamado Skylark.

La carretera que nos lleva hacia al borde Sur nos permite tener vistas increíbles, a menudo muy próximas una de la otra. Podemos ver el cañon Oak Creek y los acantilados de Vermillion y Echo.

Estos descubrimientos van surgiendo en el camino en el siguiente orden:

La cultura Navajo en la tienda y en el museo

Antes de llegar a la entrada situada al este del borde Sur, cruzamos el pueblo de Cameron, ubicado en el territorio de la Nación Navajo. Una parada obligada: la tienda Cameron Trading Post.

El extenso almacén está dividido en dos partes: una donde encontramos artículos auténticos hechos a mano, tanto decorativos como de uso cotidiano; así como joyas de plata y turquesa. En la otra parte de la tienda, se pueden comprar pequeños recuerdos, que son copias de los exclusivos artículos. Así podemos saber lo que realmente estamos comprando.

No duden visitar el pequeño museo que se encuentra justo al lado de la tienda, ahí podrán procurarse, con unos miles de dólares... vestidos, mocasines y otros accesorios Navajo de época, o vestimentas creadas por artistas de renombre.

Grandioso es un eufemismo

Una vez estando en el borde Sur, que es parte del Parque Nacional que lleva el mismo nombre, tenemos dos opciones: podemos visitar en automóvil la parte superior y hacer paradas en cada una de las docenas de miradores, o bien optar por realizar senderismo hasta llegar al Cañón y al río Colorado.

Una pequeña idea sobre la magnitud de este lugar: elevación de 2100 metros en el lado sur, longitud total de 4,950 kilometros, anchura de 16 a 28 km, con una  profundidad de 1.6 km.

Sus picos, torres, chimeneas, mesetas y otras figuras incongruentes de colores se formaron por la erosión del río Colorado. El Gran Cañón mide 446 km de largo y de 12 a 25 metros de profundidad.

La belleza irreal e hipnótica del sitio es igual a su extensión. Una imagen dice más que las palabras.

Grand Canyon Village

Nos espera un pueblo auténtico y lujoso. Aquí el turismo comenzó con el famoso El Tovar Lodge, un antiguo chalet de caza construido por una compañía importante de ferrocarriles, inaugurado en 1905.

El mismo año, la primera mujer arquitecta de Estados Unidos, Mary Jane Elizabeth Colter,  construyó la Hopi House, valiéndose de técnicas y materiales indígenas. Luego, en 1930 la señora Colter también diseño la arquitectura de las cabañas Bright Angel Lodge.

Estos hoteles y una serie de pequeños chalets se pueden visitar y por supuesto rentar. En los alrededores se pueden apreciar otros hoteles construidos principalmente en los años sesenta y setenta.

Una vez saciada nuestra curiosidad nos consentimos con un agradable paseo sobre el Gran Cañón. El recorrido lo podemos realizar a pie, a lo largo de una pequeña carretera de asfalto, por unos treinta minutos, antes de pasar a la mesa...

Cena en Arizona Room

Frescos y grandes maricos y jugosos filetes se degustan en las mesas adornadas con bonitos manteles, frente a grandes ventanas que permiten obtener vistas panorámicas del Gran Cañón. Las porciones y el sabor están a la altura del espectáculo exterior.

Hecho curioso: ¡los utensilios son de plástico! A primera vista, nosotros nos impactamos por esta falta de sensibilidad que no concordaba con la deliciosa comida. Pero la razón es simple y legítima: estamos en un desierto y resulta esencial ahorrar agua. Afortunadamente, una excepción a la regla es el cuchillo, que acompaña a la carne, pues éste no es de plástico.

La apoteosis: la puesta de sol

El transcurso de la tarde son momentos preciosos para atesorar. Los miradores toman un descanso, ya que reciben menos visitantes y la luz aún es suave, a la espera de la puesta de sol.

La gente se sienta en las rocas planas y aguardan, con creciente excitación, las fases de la llegada de la noche. Cada nuevo tono o cambio de color debido a la luz que atraviesa las nubes viene con su torrente de exclamaciones y sonidos de cámaras fotográficas.

Sin embargo, se debe contemplar plenamente y tomar fotografías del cañón antes de que el sol alcance su máximo brillo amarillo y anaranjado, porque cuando esto sucede, vemos cómo las formaciones del Cañon desaparecen bajo el resplandor.

Se pueden permitir realizar algunas paradas para fotografiar el camino de regreso pues todas las rocas y las montañas se encuentran iluminadas de nuevos colores. Lo que resultaría en fotos diferentes a las tomadas durante el camino de llegada. 

Una imprudencia egocéntrica que no vale la pena

Es francamente preocupante ver a las personas, incluso familias con niños, tomar riesgos increíbles con el fin de tomar bellas fotos de ellos mismos al final de las rocas del cañón ¡por encima del vacío!

El peligro de caer es real. Para preservar la naturaleza y la autenticidad del lugar, hay muy pocos lugares con vallas de protección. Cada año en el Gran Cañón, una docena de personas y mueren de esta forma.

Otro riesgo es caminar fuera de los senderos marcados... los peligros son el calor extremo, la rugosidad del suelo, los animales, etc. Deben saber que el afán por la aventura conlleva un gran riesgo: además de los peligros para la salud y para la vida, estos temerarios pueden perderse en el lugar. Las consecuencias financieras también pueden ser graves: cualquier operación de rescate por los servicios de emergencia tiene un costo y este puede ser muy elevado, miles de dólares.

La naturaleza es más fuerte que el ser humano: Respetarla es una condición sine qua non. También respetar nuestros propios límites.

 

  • Facebook Social Icon
  • LinkedIn Social Icon