Por Sylvie Berthiaume

La música de fondo logra su efecto dulce al instante en el que entramos en el hotel-museo de las Primeras Naciones de Wendake, situado a unos veinte minutos de la ciudad de Quebec, Canadá.

Cantos hurones y tambores agitados suavemente enriquecen la decoración: obras de arte modernas y los artefactos que rinden honor a la naturaleza y a los autóctonos de hoy y de ayer. Todo esto genera una atmósfera de relajación y lujo, carente de pretensión.

La tranquilidad que nos envuelve y el bienestar visual se mezclan con el deseo de explorar nuestra habitación, el restaurante gourmet, el pequeño museo y, especialmente, la "Casa larga" tradicional que se encuentra justo al lado.

Actualidad y herencia conjugadas

Nos encontramos en un hotel estilo boutique que hace hincapié en la autenticidad de todos sus servicios de hospitalidad: alojamiento, restauración, ocio y servicios.

 

Además de los clientes locales y regionales encontramos también muchos turistas internacionales disfrutando de sus admirables atractivos. El hotel-museo de las Primeras Naciones Wendake sabe distinguirse de los lugares puramente turísticos, a veces caricaturescos, que tienen como misión ilustrar la historia de una cultura indígena. Logra su objetivo de manera destacada.

 

El pequeño museo en el hotel se dedica a los pueblos antiguos Wendat. Los franceses los llamaron Huron. Los Wendat vivían en los territorios alrededor de los Lagos Huron, Erie y Ontario hasta la desembocadura del río San Lorenzo. Eran agricultores y cazadores, feroces guerreros y finos diplomáticos. Su gran jefe Donnacona conoció a Jacques Cartier, descubridor oficial de Canadá.

El museo respeta las normas de conservación y de exposición, y los guías profesionales indígenas aseguran tanto la exactitud como la pertinencia de la información sobre la historia política, las costumbres, los usos, herramientas, trajes y otros detalles de la nación Wendat. También se hace presente la interacción amigable con todos los visitantes.

Noche mágica

El punto culminante de la visita es, sin duda, la observación de la "Casa larga" Ekionkiestha, que se remonta al periodo anterior al contacto de los autóctonos con los europeos:  Al cruzar su valla impresionante, uno se siente pequeño e intrigado al recorrer esta estructura de madera sin ventanas para luego satisfacer nuestra curiosidad sobre la vida cotidiana de los amerindios en los últimos siglos, tendidos en pieles alrededor del fuego. Agradecemos a nuestro guía amable y sabio: Gervais Bégin.

 

Una noche en la "Casa larga" es muy recomendable para sublimar la experiencia... en todas las estaciones. En invierno, sobra decir que se proporciona un saco de dormir súper caliente.

 

Habitación y spa muy confortables

Debe pasar la segunda noche en el mismo hotel. Todas las habitaciones están equipadas con las instalaciones más actuales, y decoradas con accesorios de madera natural, hueso o piel, todo hecho a mano por artesanos Huron.

 

Después del desayuno, que está incluido en la reservación, los adultos y los niños podrán divertirse en un taller de fabricación de collares tradicionales.

 

El spa Nation Santé se encuentra en el jardín exterior, ofrece la experiencia de los baños nórdicos calientes y fríos, mientras que en el interior, tenemos acceso a diversos cuidados de masoterapia.

Armonías gustativas en 3, 4, 5 ó 6 tiempos

Algunas evocaciones que hacen salivar antes, durante y después: Canelones de lentejas negras, salsa rosa y queso, trucha alpina, tapenade de pimiento rojo y alcachofa, cerdo y pimientos con salsa, coureur des bois, carpaccio de pato ahumado, caracoles de mar y almejas gratinadas, puré de hinojo amargo, espinacas del mar, terrina de caza con mango y avellana, filete de búfalo, ciervo con arándanos aromatizado de abeto, crema de girasol tostado, etc.

El personal de servicio es muy profesional y la presentación de las meses dignas de un restaurante gourmet.

La carta completa se compone de distintos menús, a precios asequibles, dada su calidad y su variedad. Con un ligero suplemento ofrecen vino de acuerdo a la comida.

Los ventanales del restaurante ofrecen una vista panorámica de la naturaleza circundante y, en invierno, organizan una fogata alrededor de la cual podemos beber un té de Labrador o chocolate caliente, saboreando malvaviscos asados. Tienen también un hermoso bar de hielo iluminado en donde sirven gin Ungava.

 

El bar interior ofrece unos cócteles "de la casa" Primeras Naciones.

Complemento de recuerdos vivaces

En las inmediaciones del hotel-museo, también se puede visitar la casa de Gran Jefe Nicolas Vincent Tsawenhohi, el sitio tradicional Onhoua Chetek8e, o admirar el fresco de la Nación y orar en Notre-Dame-de-Lorette.

Dependiendo de la temporada, se puede participar en talleres de artesanía, asistir a las representaciones de cantos y danzas tradicionales en la Maison Andicha, o ir a pescar y simular la caza de liebres, osos, alces, castores, puercoespines, o jugar en un trineo tirado por perros, raquetas de nieve, o pasear en un trineo llevado por caballos.

 

Terminamos el paseo en plena belleza, en un picnic cerca de la cascada los Kabir Kouba.

 

Sin lugar a dudas una estancia para enamorarse, e iluminar nuestras almas.

Europe in Argentina

Wendake:

Encanto y satisfacción 

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