Delta del Tigre: 

Murmullo y pilares

Por Sylvie Berthiaume

A una hora de Buenos Aires, ya sea en coche, en autobús o tren, un viaje de un día nos permite descubrir el Puerto de Frutos y, después en barco, el delta del Tigre que desemboca en la parte inferior de delta del Paraná cubriendo 2700 km2 de olas esparcidas a lo largo de miles de islas.

Colores vibrantes y animación

Los muelles del Puerto de Frutos, en la ribera derecha del Río Lujan, están llenos de tiendas de cestería, muebles, arte, recuerdos y, por supuesto, frutas y verduras.

Podemos sentarnos en uno de los pequeños restaurantes para tomar una copa, un café o un mate, y así ver desfilar los diferentes barcos de productores y fabricantes, o yates privados de los visitantes que realizan allí sus compras.

Sorprendente desde el principio

A tan sólo unos minutos después de abordar un transporte fluvial panorámico de estilo tradicional o moderno, o ¡por qué no en un catamarán!, pasamos unas enormes columnas de estilo renacentista italiano y un edificio impresionante y deslumbrante: el Hotel y Museo de Artes de Tigre, que anteriormente fue un casino de moda, luego de su construcción en 1913.

A lo largo del delta, éste último es igualado en grandeza solamente por el Club de Regatas, que presenta un estilo suizo, y cuya fachada resulta muy atractiva, a pesar de tener un aspecto monumental; es sólo uno de la treintena de clubes fundados por otros franceses, belgas y escandinavos que eligieron Argentina como su tierra de adopción.

Los seguidores de este deporte — que atraviesan las aguas en sus elegantes y delgados barcos — añaden prestigio al ambiente de este lugar tan increíble e incluso intrigante. No es sorprendente que también los kayakistas disfruten alegremente del delta.

Un poco más lejos, el Museo Naval de la Nación presenta 200 diferentes modelos que merecen una parada para realizar su visita.

Oasis, no lejos de la ciudad

El paseo sobre el agua, tranquilo durante la semana, se realiza con un guía para que podamos entender mejor la singularidad de este complejo de ocio y visita para los argentinos.

Por lo tanto, apreciamos la arquitectura de casas que se encuentran sobre pilares y terrazas, con elegantes y diferentes diseños, en su mayoría pequeñas y rodeadas de flores, árboles y arbustos.

En lo particular, una de ellas atrajo nuestra atención debido a que es color amarillo, antigua y sobretodo porque está incrustada en una gran vitrina de cristal para proteger y mostrar que era la residencia de verano del expresidente Marcelo T. de Alvear y Sarmiento, que se convirtió posteriormente en lugar patrimonial.

Resulta obvio que esta región bucólica haya inspirado a famosos artistas, escritores, cantantes y músicos argentinos, además de atraer cada vez más a personas que quieren escapar del ajetreo de la capital.

Por lo tanto, la élite ha sustituido a los bandidos que fueron los primeros en escapar de la justicia ocultándose en las islas del delta para sobrevivir cazando tigres, zorros, ciervos nutrias. Si creemos en la leyenda...

Para sentir mejor el ambiente

Aunque es difícil alquilar una casa —ya que casi todas están ocupadas por sus propietarios—, y las únicas cabañas en alquiler se pueden contar con los dedos de una mano, hay cuatro sitios para acampar en la zona.

Si realizan una visita durante un fin de semana, podrán ver cómo los argentinos se divierten a lo grande, o si la visita es durante la semana verán lo que atrae a los propietarios o a los vacacionistas.

De cualquier forma, un día donde todo fluye a la perfección.

 

 

 

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Casa Sarmiento